martes 25 de noviembre de 2008

El archivo fotográfico de Life


El archivo fotográfico de Life, uno de los mayores del mundo, ya es accesible al gran público. Gracias al acuerdo entre Google y Life podemos ver el 97% de las más de 10 millones de fotografías que grandes fotógrafos de todos los tiempos hicieron para Life.

Entre las fotografías del archivo, encontramos grandes personajes históricos como: Roosevelt, Kennedy, Marie Curie, Pablo Picasso, Marilyn Monroe, etc. Lugares del mundo : el Taj Mahal, el Himalaya, Times Square, el río Yangtze. Acontecimientos mundiales: Juegos olímpicos, Guerra de Vietnam, Oscars de Hollywood, etc. Prácticamente cualquier hecho o personaje histórico, están en estos archivos.

Las fotografías están en resolución de pantalla, aproximadamente a 1280 píxeles de anchura, tamaño adecuado para hacernos un fondo de escritorio, existiendo la posibilidad de pedir una ampliación online en papel fotográfico.

El archivo está concebido como libre o gratuito, para un uso particular y para fines educativos, teniendo copyright para el resto de usos que se les quiera dar a las imágenes.

Es loable esta iniciativa, parecida a a la de fotografía de patrimonio universal de Flickr, de concepción más abierta y desinteresada, pero bueno, no está mal de todas maneras, poder acceder a tan ingente cantidad de fotografías interesantes, que son relato vivo de los últimos 100 años de la humanidad.

Más información | Archivo Life en Google, Patrimonio público de Flickr

domingo 23 de noviembre de 2008

Breve historia del ascensor

Hay tres grandes razones que impulsaron el nacimiento de los rascacielos en Estados Unidos, a saber: 1) Aumento en el precio del suelo. La única forma de sacar rendimiento a las caras parcelas del centro era construir más plantas en los mismos metros cuadrados. 2) Descenso en el precio del acero como consecuencia del creciente desarrollo industrial del país. El acero permitió abandonar las pesadas estructuras de ladrillo y hormigón, y dió paso a edificios más ligeros pero igualmente resistentes. 3) Invención del ascensor.


Como este es un blog eminentemente tecnológico, me gustaría centrarme en esta última. Pese a que hace siglos que existen relatos de artilugios elevadores destinados a mover cargas, movidos por potencia animal (su esquema era básicamente una polea, una plataforma atada a un extremo de la cuerda, y unos caballos - o humanos - tirando del otro extremo) los ascensores mecánicos para pasajeros, tal y como hoy los conocemos son un invento del siglo XIX. Aún así, cuando nacieron, subirse a aquellos primeros ascensores de vapor era una especie de ruleta rusa. Los periódicos hablaban con demasiada frecuencia de elevadores que se desplomaban, lo cual no contribuía demasiado a su popularización. Pero como sabemos a día de hoy, todo esto cambió, y los ascensores llegaron a dominar el mundo. Esta es una breve historia del modo en que lo consiguieron.

El primer paso en firme se dio con el invento en 1852 (por parte de Elisha Otis, el fundador de la empresa que lleva su nombre) del primer freno de seguridad para ascensores. En el año 1857, Otis instaló el primer ascensor de vapor con freno de seguridad en un edificio de cinco plantas. En 1872, C. W. Baldwin, que trabajaba para la compañía Otis, inventó el elevador hidráulico de engranajes, los cuales retiraron de circulación a los de vapor. Los ascensores hidráulicos funcionaban gracias a la presión del agua que suministraban directamente las tuberías de la red de abastecimiento municipal, o mediante la fuerza de una bomba de agua instalada en un tanque de almacenamiento ubicado en lo alto del edificio. Otis comenzó a producir ascensores hidráulicos en 1874. Después de instalar este tipo de elevadores en unos cuantos edificios, las compañías comenzaron a pagar sumas cada vez más sustanciales por las plantas de altura en detrimento de las bajas, las preferidas hasta entonces. Esto supuso un vuelco radical en las operaciones inmobiliarias. De pronto, las “cómodas” plantas bajas accesibles fácilmente por escaleras, comenzaron a ser vistas como demasiado ruidosas y polvorientas.


Un elevador de esta clase empleaba típicamente un motor hidráulico consistente en un pistón dentro de un cilindro. La cabina del ascensor se suspendía de cables. La imagen que ilustra el post muestra un ascensor Otis de 1881 de este tipo. El motor hidráulico del ascensor se controlaba tirando de las cuerdas que pasaban a través de la cabina de pasajeros. Una segunda variación del ascensor hidráulico consistía en una plataforma ubicada directamente sobre un pistón rígido. Esta variedad, que podéis apreciar en esta foto era más utilizada como montacargas. El problema de estos últimos era que el eje tenía que enterrarse en la tierra a una profundidad igual a la de la altura que debía alcanzar en su subida. Esto por supuesto limitaba mucho la altura máxima que podía conseguirse, aunque en 1902 Otis instalaba montacargas de esta clase en edificios de hasta 25 plantas.

Hasta 1904, los elevadores hidráulicos fueron el sistema dominante en los edificios altos. No obstante, a finales de la década de 1880 comenzaron a instalarse los primeros ascensores eléctricos de engranajes, los cuales eran solo aptos para edificios de poca altura debido a su extremada lentitud. Este hecho, les impedía competir en igualdad de condiciones con los hidraúlicos, y así fue hasta que llegó el cambio de siglo. En el año 1904, la empresa Otis Elevator Co. instaló sus primeras máquinas con tracción eléctrica sin engranajes, las cuales inmediatamente convirtieron a los hidráulicos en obsoletos. Estos ascensores, rápidos y con límites de altura muy elevados, revolucionaron la construcción de los rascacielos y permitieron la llegada en los años 20 de rascacielos de más de 100 plantas de altura como el mítico Empire State Building. Su funcionamiento era tan óptimo que en el año 1948 seguían siendo considerados el estándar.

Casi toda la información la encontré en OfficeMuseum.com

La ley de murphy de la fotografía

Supongo que alguna vez os habréis encontrado, como a un servidor, con el dilema de “cojo la cámara o no” cuando sales de casa. Concretamente el dilema es más jodido con las réflex, ya que pesan más de un Kg, abultan lo suyo y además es peor todavía si vas a un sitio que no conoces o que no sabes seguro si va a merecer la pena el cargar con la cámara todo el día.

Según mi experiencia personal, el resultado ha sido siempre el mismo: cuando cojo la cámara no veo ni una foto que merezca la pena pero cuando no la cojo de repente la meteorología y los dioses se confabulan para transformar cualquier recóndito lugar en un maravilloso paisaje de fantasía irrepetible - que no puedes fotografiar -.

Por tanto, me atrevo a lanzar mi humilde adaptación de la Ley de Murphy para la fotografía:

La probabilidad de ver una buena fotografía es inversamente proporcional a la calidad de la cámara que lleves en ese momento y igual a uno cuando la que llevas no tiene batería.

Supongo que ha quedado claro, pero por si acaso, el gráfico de probabilidades vendría a ser algo así:

¿Estáis de acuerdo?